La incertidumbre de estar dentro de los espacios que encontramos cuando detenemos el tiempo
- que no puede ser logrado al primer intento - crea una necesidad de cambio que responde a tratar de
romper con una privacidad muy cerrada y excluyente, en donde el inconsciente está atado a la realidad,
luchando contra pesadillas y soledades.
En esos momentos del proceso cuando logramos detener el tiempo, el espacio se convierte en imagen, cuando finalmente
uno se adhiere a lo creado, aluden para mi tres momentos definitivos: la pasión, la vida y la muerte.
Por eso, cuando pinto intento retratarme en todas mis facetas desde las más cotidianas hasta las más
complejas, haciendo un autoanálisis, una introspección en mi geografía mental, en la que derrumbo puertas y atravieso
paredes, para llegar a ese espacio - tiempo que está dentro de cada uno y así poder merodear y disfrutar de ese espacio privado.
|